Josefa Lapuente Legaz

Josefa nació en Argentina, aunque ella siempre decía que era de Sos del Rey Católico. Vivió en Biarritz y en Alsasua. Se casó con Eduardo Lezea Larraza, al que conoció en Biarritz; Eduardo no quería trabajar en el campo y fue buscando otro tipo de trabajo. Ella estaba de sirvienta en una casa en la que la trataban muy bien y estaba contenta.

Según el testimonio de su hija Kontxi, su padre no tenía oficio, por lo que trabajaba de lo que le iba saliendo. Se colocó en una empresa de construcción y solía trabajar en diferentes lugares mientras ella y su madre pasaban la vida junto a su señora y la señorita de la casa donde servía Josefa. Cuando se murió la señora de la casa, su hija se fue a Argentina, donde iba a casarse con un chico que tenía una empresa de escopetas.

Ellos siguieron su vida pero estalló la guerra y su tío Patxi y su familia fueron a vivir con ellos a Biarritz. Eduardo y Patxi decidieron participar en la contienda y, tras pasar por el frente de Aragón, acabaron en Barcelona. Josefa y su cuñada decidieron ir a Barcelona, donde estaban sus maridos, pero Kontxi, la hija de Josefa y Eduardo, lo pasaba muy mal con el calor y regresaron de nuevo a Biarritz.

Finalizada la guerra, los dos hermanos, como muchos otros, se dirigieron a Francia y empezaron así un largo y difícil exilio. Al tiempo, su marido decidió volver a Altsasu solo y que Josefa y su hija Kontxi se quedaran en Biarritz.

A Eduardo, al llegar al pueblo, enseguida se le informó de que todas las semanas tenía que presentarse en el cuartel. Josefa también quería volver al pueblo con su hija pero Eduardo insistía en que se quedaran allí, pues en Alsasua lo iban a pasar muy mal, no tenían nada.

Kontxi nos contó que en 1941 su madre decidió reunirse con su marido. Josefa, que era una trabajadora de miedo, como recordaba su hija, había hecho acopio de ropa, sábanas, comida, un poco de todo. En la frontera, que estaba invadida por los alemanes, pasaban los bombarderos. No recuerda si llegaron a bombardear pero ellas tenían que ir todas las noches al refugio.

Mientras, su padre se había instalado en una casica que tenía su abuela en Altsasu, así que ellas decidieron volver.

Intentaron pasar con todo lo que su madre había recopilado, incluida una colección de sellos, muy apreciados y de valor, que la señorita de la casa donde trabajaba Josefa le había dado, por si tuviera que venderla para conseguir dinero, pero en la frontera les quitaron todo y les dejaron sin nada, incluso se mofaron diciéndoles si tenían alguna tienda. Llegaron a Alsasua sin nada, se instalaron en la casica con su padre, su abuela les dejó unas piezas y así empezaron a vivir en el pueblo.

Josefa y Kontxi, dos mujeres que vivieron las consecuencias de la guerra, obligadas a vivir separadas de su marido y padre y trabajando duro para poder salir adelante

Ver RelaciÓn Mujeres

Eduardo su marido, sale de Cataluña :

Al finalizar la guerra los dos hermanos, como muchos otros, se dirigierona Francia, empezando así un largo y difícil exilio. -“Cuando salieron de Cataluña, en el camino de retirada, el gobierno francés de la época les trató como animales. Los acorralaron en las playas de Argeles sur Mer custodiados por la Garde Mobile y separaron a los padres, las madres y los hijos”-apuntaba  Patxi Lezea que estuvo preso  en el campo de Gurs.

Al poco tiempo Eduardo, decide volver a Altsasu y enseguida se dirigen donde el para informarle que todas las semanas se tiene que presentar en el cuartel. Mientras ella y su hija kontxi se quedan en Biarritz , diciendoles él constantemente que no volviesen porque lo iban a pasar mal. En 1941 deciden tambien venir a Altsasu.

ver –Eduardo Lezea Larraza

(Josefa ,Eduardo y su hija Kontxi)

RELATO DE SU HIJA CONCHI LEZEA LAPUENTE

Sus padres se conocieron en Iparralde (Biarritz) en un baile de vascos, había ido cada uno por su cuenta allí, el no quería trabajar en el campo y fue buscando otro tipo de trabajo, ella estaba en una casa sirviendo. Estaba bien en la casa y les trataban muy bien, incluso a ella cuando era pequeña.
Su padre no tenía ningún oficio, por lo que hacía un poco lo que le iba saliendo para trabajar, se colocó en una empresa de construcción y solían trabajar en diferentes lugares, mientras ellas pasaban la vida junto  la señora y la señorita de la casa donde servía su madre. Luego cuando se murió la señora, la hija se fue a Argentina donde iba a casarse con un chico rico con alguna empresa de escopetas. Ellos luego hicieron su vida, estalló la guerra y sus tíos fueron a vivir a Biarritz con ellos.

Recuerda que un día, no sabe calcular cuanto tiempo había pasado,  jugando con una amiga, le dijo vete a casa que ha venido tu padre, a ella le daba mucha vergüenza entrar en casa,  pero recuerda que miró a su padre y le impresionó la cara llena de una especie de bultos negros como sapos, que le habían salido en la cara en su estancia en la cárcel. Es lo que recuerda de aquel día.
Después su padre no quiso quedarse con los franceses, pensaba que les iban a tratar fatal. Su tío Patxi se quedó en Francia y con su familia estuvieron en el campo de concentración de Gurs. Dice que lo pasaron fatal. Su padre volvió a Alsasua, no sabe como lo hizo o que, pero enseguida fueron a por el, le dijeron que se tenía que presentar todos las semanas en el cuartel y se podía quedar aquí. Ella junto a su madre se quedaron en Biarritz. Su madre quería volver a Alsasua con su padre, su padre le decía que no volvieran que aquí no había nada y que lo iban a pasar muy mal, era el 41. Pero su madre erre que erre, quería volver con su padre. Su madre que era una trabajadora de miedo, había hecho acopio de cosas, sabanas, comida, un poco de todo. En la frontera, que estaba invadido por los alemanes,comenta que pasaban los bombarderos, no recuerda si llegaron a bombardear, ellas tenían que ir todas las noches al refugio, alguna noche su madre, que tenía que trabajar dice que no quería ir al refugio, que se abrazaban las dos y dormían.
Mientras su padre se había instalado en una casica que tenía su abuela, decidieron volver. Llegaron a la frontera para pasar con todo lo que su madre tenía, cuenta que la señorita le había dado a su madre una colección de sellos, que eran muy apreciados y valiosos, pero en la frontera les quitaron todo y les dejaron sin nada, encima le dijeron si tenía una tienda. LLegaron a Alsasua sin nada, se instalaron en la casica con su padre, su abuela le dejó una piezas  a sus padres y así empezaron a vivir.

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