Simon San Roman Urdiain

Simón San Román Urdiain.jpg

Natural de: Altsasu

Fecha de nacimiento: El 23 de agosto de 1908 (Martín y Catalina)

Lugar de residencia: Altsasu

Cónyuge: Margarita Mazkiaran Albiztur

Hijas/os: María Jesús, Mari Paz y Erkuden

Profesión: Transportista

Estuvo en el Frente Norte hasta que cayó en manos de un grupo de legionarios italianos en Laredo junto con treinta y tres compañeros de batallón, en el verano de 1937. En febrero de 1938 lo trasladaron a la cárcel provincial de Pamplona. Detenidos en Santoña

El 12 de febrero de 1938 declaraba en la cárcel: «El 20 de julio de 1936, volvía de dejar las vacas pastando en el monte y se tropezó con unos veinte vecinos que le dijeron que se corrían rumores de que los iban a detener, y por eso se iban de allí. Invitándole a que les acompañase. Así lo hizo, aunque él nunca se había metido en política. A los 8 días regresó con el vecino Ángel Navarro, pero sus mujeres les dijeron que se fuesen pues el plazo de presentación para los fugitivos ya había pasado.

Estuvo en el Frente Norte hasta que cayó en manos de un grupo de legionarios italianos en Laredo junto con treinta y tres milicianos gudaris».

El comandante de la Guardia Civil de Altsasu, Federico Múgica el 25 de febrero de 1938, presentaba acusaciones las siguientes acusaciones contra él:

«La noche del 18 al 19 de julio de 1936, tomó parte activa en unión de un grupo de unos trescientos o más individuos que, armados con pistolas y escopetas, salieron al cruce de carreteras, deteniendo toda clase de vehículos, atemorizando a los viajeros, interceptando las carreteras, colocando postes y haciendo disparos de arma de fuego. El día 20 huyó por el monte al campo rojo de Guipúzcoa, en donde hizo armas contra el Ejército salvador de España».

Fue condenado en consejo de guerra en Pamplona, el día 5 de abril de 1938, a una pena de 12 años y un día de reclusión menor, que fue rebajada en febrero de 1944 a dos años y seis meses. Así mismo, el Tribunal de Responsabilidades Políticas de Pamplona le impuso una multa de 2000 pesetas por indemnización de perjuicios.  Multas y Expedientes

Simón, el 26 de febrero de 1978, grabó sus memorias sobre la guerra ante su esposa, su cuñada y sobrinos.

Alsasua quedó vacía el 19 de julio de 1936 por los desmanes producidos por los requetés y falangistas, que el 18 llegaron en sesenta autobuses. Simón huyó a Guipúzcoa, dejando a su esposa y dos hijas de cuatro y dos años, y luchó como miliciano en el Frente Norte. En los frentes de Logroño, en Haro, fusilaron a su hermano Antonio y en el penal de Santoña al hermano de su mujer, Martín Somocurcio, que había sido concejal del ayuntamiento durante la República.

Prestó servicios en Bilbo como chófer del Gobierno vasco. Conducía un Samua que llevaba una metralleta giratoria con 17 hombres dentro. Nunca disparó un tiro.

Cuando perdieron el cinturón de hierro, en Campazar, el doctor Constantino Salinas, que había sido vicepresidente de la Diputación de Navarra, le dijo que le iban a evacuar a Francia en un barco custodiando, como médico, a mujeres y niños y que, si podía volver, le vendaría un brazo y lo evacuaría consigo. Esto nunca llegó a producirse y en agosto del 37 cayó prisionero de los italianos en la «ratonera» del puerto de Santoña, hecho que él consideraba una venta bien armada.

Durante cinco meses, también como chófer, estuvo en los frentes de Jaca, Sabiñánigo y Orna a las órdenes del ejército sublevado, en la Octava Compañía. El 1 de enero de 1938, el convoy cargado de armamento que volvía de Alegría de Álava a Jaca pasó por Alsasua. Mientras la oficialidad comió en los hoteles y a los soldados les dieron rancho frío, a él le permitieron comer con su familia. Cuando se disponían a marchar, un requeté de Alsasua, junto a Candidillas, el alcalde, y Gastaminza quiso detenerlo; lo sacó a golpes del camión que conducía y que llevaba un cañón del 15,5, pero el alférez al mando no lo entregó y con su fusil apartó al requeté.

Juan Larrea Tumbalobos, le propuso ser evacuado a Francia, pero por consejo de su hermano Pablo, que estaba en el bando franquista, no cruzó la frontera porque, si caía prisionero por segunda vez, sería condenado a muerte irremisiblemente.

El 8 de febrero de 1938, en Pamplona, cuando tenía el camión cargado de chorizos, jamones y costillas, Echeverría, un guardia de Alsasua, lo detuvo en la plaza del Castillo. Lo llevaron al cuartel de la Guardia Civil. Allí un teniente pequeñico con un bigote dijo: ¿Este es el pájaro?, –Sí, este es el pájaro, respondió Echeverría, quien a vergazos le interrogó, quería saber cuántas veces había vuelto a Alsasua. Simón reconoció que solo estuvo una vez en Ibarrea con Ángel Navarro para traer a su mujer 37 duros de plata, que, como milicianos, les habían pagado en Zumárraga. Le llevaron al calabozo del cuartel del 14 América y allí se llenó de piojos. Nunca había tenido piojos porque lavaba la ropa en los ríos, pero los que estaban acuartelados sí. Desde la ventana del calabozo, vio a Martín Echavarri, el patatero de Olazagutía, quien trabajaba de ordenanza; le pidió que fuera al bar Otano en busca de su hermano Pablo. Estuvo siete días en una celda de tránsito e ingresó en la Provincial.

En el consejo de guerra presentó un atestado del Círculo Católico, porque José Mª Ezcurra, con quien había ido a la escuela, le había hecho socio, y un aval de los Capuchinos de Alsasua, en el que decían que Simón y su hermano trabajaban al servicio del comercio de Alsasua, como antes su padre, que había sido carretero con bueyes, y nunca se había significado.

En la cárcel había un capellán muy malo que mandaba fusilar. Simón lloraba por miedo de ser fusilado pero Luis Goikoetxea lo tranquilizaba. Cuando se produjo la fuga del fuerte de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938, se quedó solo en la celda porque a los seis que estaban con él los sacaron y fusilaron como represalia.

Cuando entró un nuevo director «más rojo que los rojos», asfaltaron el suelo y acabaron con los chinches que infestaban las celdas. Murió un chico de los de Casteig y a Juan Cruz Iriarte le dieron la extremaunción porque entró en agonía; pusieron a todos los de Alsasua a rezar el rosario, pero poco a poco fue mejorando y no murió. Balbino Lecea tuvo una infección en la barba y le curaron sacando pelo a pelo.

A Balbino LeceaBalbino Lezea Iriarte y a Martín Mazquiarán Martin Mazkiaran Zelaia, con quien compartió celda, una vez salieron de la cárcel, les volvieron a llevar a los batallones y en la sierra de Urbasa cerraron simas y las llenaron de piedras, entre otras la del km 2 de Otsaportillo. Pero a Simón, por los capuchinos y su hermano Pablo, no le volvieron a molestar.

Durante varios meses tuvo sobre la mesa la petición de pena de muerte, hasta que, en el consejo de guerra, la pena fue de 12 años y un día de reclusión por auxilio a la rebelión. La acusación del consejo de guerra fue la siguiente:

«Haber pertenecido a la CNT, tenaz propagandista y muy significado por su actividad, persona de malos antecedentes políticos y sociales pues ya en el año 1934, cuando los sucesos revolucionarios de octubre, tomó parte en el descargamiento de un tren mixto, en el incendio de un cobertizo y en un robo de carne del matadero municipal. Al iniciarse el Glorioso Movimiento Nacional, formó parte de los grupos armados de izquierdistas, que el 18 de julio de 1936 tomaron los cruces de las carreteras, parando a los coches que pasaban, amenazando a sus ocupantes y efectuando varios disparos. En la mañana del 19 del mismo mes y año, con otros grupos impidió la salida de los autobuses de la Burundesa y la Vitoriana. A la llegada de las Fuerzas Nacionales a Alsasua, se marchó a Guipúzcoa para unirse a los rojos de esa provincia, donde hizo armas contra el ejército salvador de España hasta que cayó prisionero en Santander habiendo efectuado varios servicios de espionaje.»

El 14 de agosto de 1940 salió de la cárcel provincial de Pamplona junto con la mayoría de presos de Alsasua. Acabada la guerra, como no había trabajo, Margarita y Simón anduvieron al estraperlo.

Ver Relación de Personas A Destacar  Ver Personas Encarceladas a partir 1936

ANEXO

Datos del Libro Consejos de Guerra aplicados en Navarra (Ricardo Urrizola)

El 8 de febrero de 1938 la Guardia Civil detenia a Simon San Roman Urdiain en la plaza del Castillo de Pamplona. Cuatro dias despues declaraba en la carcel .-«El 20 de Julio de 1936 volvia de dejar las vacas pastando en el monte y se tropezó con unos veinte vecinos de Altsasu que le dijeron que se corrian rumores de que los iban a detener y por eso se iban de alli invitándole a  que les acompañase. Asi lo hizo sin saber explicar por qué razón pues no tenia miedo ya que jamas habia pertenecido a partido Politico alguno, ni se había metido en politica.  A los ocho dias regresó con  el vecino Angel Navarro, pero sus mujeres les dijeron que su fuesen a Guipuzkoa pues el plazo de presentación para los fugitivos ya habia pasado»-. Estuvo en el frente Norte hasta que cayó en manos de un grupo de legionarios Italianos en Laredo junto con treinta y tres milicianos-gudaris.Tras participar con el ejercito franquista en varios frentes regresó a Pamplona.

El 25 de febrero de 1938 el comandante de la Guardia Civil de Altsasu, Federico Múgica lanzaba las acusaciones de rigor contra él :»la noche del 18 al 19 de julio de 1936 tomó parte activa en unión de un grupo de unos trescientos o mas individuos que armados con pistolas y escopetas salieron al cruce de carreteras  donde camparon por su respeto deteniendo toda clase de vehiculos atemorizando a los viajeros, interceptando las carreteras, colocando postes y haciendo disparos de arma de fuego. El dia 20 huyo por el monte al campo rojo de Gipuzcoa, en donde hizo armas contra el  Ejercito Salvador de España»

 El 5 de Abril de 1938 fue condenado a doce años y un dia de reclusión, pena rebajada en febrero de 1944 a dos años y seis meses.

Memorias  de Simón cedidas por su nieta Mª Jesús.

Alsasua quedó vacía el 19 de julio de 1936 por los desmanes producidos por los requetés y falangistas que el día 18 llegaron en 60 autobuses. Simón huyó a Guipúzcoa, dejó a su esposa y dos hijas de 4 y 2 años y luchó como miliciano en el Frente Norte. En los frentes de Logroño, en Haro, fusilaron a su hermano Antonio y en el penal de Santoña al hermano de su mujer, Martín Somocurcio, que había sido concejal del ayuntamiento durante la Republica.

Prestó servicios en Bilbao como chófer del Gobierno Vasco. Conducía un Samua que llevaba una metralleta giratoria con 17 hombres dentro. Nunca disparó un tiro.

Cuando perdieron el Cinturón de Hierro, en Kanpazar, D. Constantino Salinas, que había sido vicepresidente de la Diputación de Navarra, le dijo que le iban a evacuar a Francia en un barco custodiando como médico a mujeres y niños y que si podía volver, le vendaría un brazo y lo evacuaría consigo. Esto nunca llegó a producirse y en agosto del 37 cayó prisionero de los italianos en la “ratonera” del puerto de Santoña, hecho que él consideraba una venta bien armada.

Durante cinco meses, también como chófer, estuvo en los frentes de Jaca, Sabiñanigo y Orna a las órdenes del ejercito sublevado, en la Octava Compañía. El día 1 de enero de 1938 el convoy cargado de armamento que volvía de Alegría de Álava a Jaca pasó por Alsasua. Mientras la oficialidad comió en los hoteles y a los soldados les dieron rancho frío, a él le permitieron comer con su familia. Cuando se disponían a marchar, un requeté de Alsasua con Candidillas, el alcalde y Gastaminza quiso detenerlo, lo sacó a golpes del camión que conducía y que llevaba un cañón del 15,5, pero el alférez al mando no lo entregó y con su fusil apartó al requeté.

 Juan Larrea “Tumbalobos” le propuso ser evacuado a Francia, pero por consejo de su hermano Pablo, que estaba en el bando franquista, no cruzó la frontera porque si caía prisionero por segunda vez sería condenado a muerte irremisiblemente

 El 8 de febrero de 1938, en Pamplona, cuando tenía el camión cargado de chorizos, jamones y costillas; Echeverria, un guardia de Alsasua, lo detuvo en la plaza del Castillo. Lo llevaron al cuartel de la Guardia Civil. Allí un teniente pequeñico con un bigote dijo: “¿Este es el pájaro?” “Sí, este es el pájaro” respondió Echeverria quien a vergazos le interrogó, quería saber cuántas veces había vuelto a Alsasua. Simón reconoció que solo estuvo una vez en Ibarrea con Ángel Navarro para traer a su mujer 37 duros de plata, que como milicianos les habían pagado en Zumárraga. Le llevaron al calabozo del cuartel del 14 América y allí se llenó de piojos. Nunca había tenido él piojos porque lavaba la ropa en los ríos, pero los que estaban acuartelados sí. Desde la ventana del calabozo vio a Martín Echavarri, el patatero de Olazagutía, quien trabajaba de ordenanza, le pidió que fuera al bar Otano en busca de su hermano Pablo. Estuvo siete días en una celda de tránsito e ingresó en la Provincial. En el consejo de guerra presentó un atestado del Círculo Católico, porque José Mª Ezcurra, con quien había ido a la escuela, le había hecho socio, y un aval de los capuchinos de Alsasua, en el que decían que Simón y su hermano trabajaban al servicio del comercio de Alsasua, como antes su padre que había sido carretero con bueyes, y nunca se había significado.

 En la cárcel había un capellán muy malo que mandaba fusilar. Simón lloraba por miedo de ser fusilado pero D. Luis Goikoetxea lo tranquilizaba. Cuando se produjo la fuga del fuerte de San Cristóbal el 22 de mayo de 1938, se quedó solo en la celda porque a los seis que estaban con él los sacaron y fusilaron como represalia.

 Cuando entró un nuevo director “más rojo que los rojos”, asfaltaron el suelo y acabaron con los chinches que infestaban las celdas. Murió un chico de los de Casteig y a Juan Cruz Iriarte le dieron la extremaunción porque entró en agonía, pusieron a todos los de Alsasua a rezar el rosario pero poco a poco fue mejorando y no murió. Balbino Lecea tuvo una infección en la barba y le curaron sacando pelo a pelo.

 A Balbino Lecea y a Martín Mazquiarán, con quien compartió celda, una vez que salieron de la cárcel les volvieron a llevar a los batallones y en la sierra de Urbasa cerraron simas y las llenaron de piedras, entre otras la del km. 2 de Otsaportillo. Pero a Simón por los capuchinos y su hermano Pablo no le volvieron a molestar.

 Durante varios meses tubo sobre la mesa la petición de pena de muerte, hasta que en el consejo de guerra la pena fue de 12 años y un día de reclusión por auxilio a la rebelión. La acusación del consejo de guerra fue:

Haber pertenecido a la CNT, tenaz propagandista y muy significado por su actividad, persona de malos antecedentes políticos y sociales pues ya en el año 1936, cuando los sucesos revolucionarios de octubre, tomó parte en el descargamiento de un tren mixto, en el incendio de un cobertizo y en un robo de carne del matadero municipal. Al iniciarse del Glorioso Movimiento Nacional, formó parte de los grupos armados de izquierdistas, que el 18 de julio de 1936 tomaron los cruces de las carreteras, parando a los coches que pasaban, amenazando a sus ocupantes y haciendo varios disparos. En la mañana del 19 del mismo mes y año, con otros grupos impidió la salida de los autobuses de la Burundesa y la Vitoriana. A la llegada de las Fuerzas Nacionales a Alsasua, se marchó a Guipúzcoa para unirse a los rojos de esa provincia, donde hizo armas contra el ejército salvador de España hasta que cayó prisionero en Santander habiendo efectuado varios servicios de espionaje”

El 14 de agosto de 1940 salió de la cárcel Provincial de Pamplona junto con la mayoría de presos de Alsasua.

 El estraperlo

Acabada la guerra, como no había trabajo, Margarita y Simón anduvieron al estraperlo. Traían sacos de patatas para llevar a Irún. Allí él cargaba 80 u 85 kg al hombro, Antonio Mazkiaran 115 kg, cobraban y volvían al calderín a por otro saco hasta que vendían todo.

En una ocasión, cuando llevaba los sacos en una burra, el guardia Arroyo le pilló y lo llevó a un cuarto junto a la cantina de la estación. Allí lo maniató y le arreó vergazos, Simón respondía con patadas hasta que finalmente lo soltó. No lo multaron.

En otra ocasión, compró en Eneriz 100 kg de habas, a duro el kg, los llevó a hombros a la estación de Zuasti. Margarita le estaba esperando con la burra y el carro en Alsasua, pero nuevamente Arroyo los pilló por un chivatazo de Elizondo, les quitó los 100 kg de habas y de nuevo lo golpeó a vergazos. Simón le llamó hijo de mala madre.

Un día, Margarita y Simón con sendos carros y Francisco Guerrico con tres carros tirados por bueyes, todos cargados de patatas hasta los gurtoles, volvían de Urdiain y, en Ondarria donde Guerrico tenía una pieza, sus vacas, acostumbradas a su andada, se desviaron a la pieza y volcaron todas las patatas del carro. Los sorprendió Javier Ochoa, el luchador de Urdiain, quien les dijo entre risas: “hok, hok, contrabandistak, guay patatak inbuluskan. No los denunció y pudieron recoger las patatas.

 Otra vez, les sorprendió una tormenta terrible en Urbasa con el carro cargado de patatas de siembre y dos sacos de 100 kg cada uno de harina, tapado con hojas, helechos y berzas. Se refugiaron en la Venta de Urbasa y allí llegó la Guardia Civil de Alsasua. “Coño, Margarita y Simón, ¿qué hacen por aquí? Contestaron que habían subido a por hoja y tuvieron suerte porque no les registraron. Uno de Baquedano les había llevado la harina de la fábrica de Ruiz de Alda de Estella hasta la Venta de Urbasa y Margarita y Simón a Alsasua.

(Simón el 26 de febrero de 1978 grabó sus memorias sobre la guerra ante su esposa, su cuñada y sobrinos)

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